domingo, 14 de diciembre de 2014

Como dejar de ser infeliz

Basta con pasearse por las calles para darse cuenta de que algunas personas tienen aspecto sombrío. Cruzándose con ellas, se advierte que no son felices y las imaginamos (yo, puedo verificarlo telepáticamente) dándole vueltas a sus problemas. Yo puedo captar sus pensamientos y las “oigo” tratando de encontrar las soluciones a sus preocupaciones. En mi caso, a menudo veo las mismas caras preocupadas volverse hacia mí aunque yo no trate de llamar la atención. Yo leo con frecuencia en sus rostros su sorpresa de verme distendida y sonriente. Ellas no saben que yo practico la satisfacción.
Desde un punto de vista absoluto, cuando usted tiene un problema, el hecho de inquietarse, de hacer que le hierva la sangre... ¡no ayuda para nada a resolverlo!
Es evidente que, sin embargo, frecuentemente esta es la reacción más corriente a una preocupación o cuando usted se encuentra en una situación difícil. Y, en parte, es una actitud comprensible porque si su futuro le importa, usted no puede más que mostrar inquietud cuando prevé una situación difícil o cuando está en proceso de sufrirla. Lo importante es no permanecer en esa primera reacción que es negativa.
Claro está, en este dossier yo hablo de problemas y contrariedades que frecuentemente envenenan nuestro día a día: una disputa con su vecino, su cónyuge, su colega, un estrés porque llega con retraso a la oficina, un enervamiento porque recibimos una multa, etc. Constate que yo hablo de este género de estrés, no de grandes dolores y pruebas de la vida (duelos, separaciones, etc.).
La primera etapa: ¡reaccionar positivamente e inmediatamente!
Si usted se encuentra en esta situación de deber hacer frente o de prever su reacción a un problema, sobre todo no deje que se instale un estado de ánimo negativo que consistiría únicamente en darle vueltas a su preocupación y a inquietarle a propósito de esta.
En efecto, cuanto más permanezca en este estado, más riesgo corre de ver empeorar esta preocupación y de encontrarse, al cabo de un tiempo, en la incapacidad de hallar una solución.
En toda situación delicada no importa con qué persona, antes o durante el curso de no importa qué acontecimiento, tras una primera reacción de inquietud o de sorpresa, es necesario reaccionar lo antes posible de forma positiva.
Sobre todo, es preciso no esconder este problema en el fondo de su mente, negarlo o decirse que este terminará por resolverse un día u otro por sí mismo... porque esto no sucederá jamás.
Reaccionando así, todo lo que puede conseguir a lo mejor es retrasar la resolución del problema o aplazar para más tarde la búsqueda de las soluciones adecuadas.
¡En los dos casos, es una mala opción! Usted no hará más que dejar para mañana lo que puede hacer hoy, peor aún, volver la situación aún más difícil de resolver. Le es necesario por lo tanto evitar este género de reacción.
De entrada, debe decirse que este problema existe y que aplazar para más tarde su resolución, sobre todo si usted sufre esta situación difícil en este momento, no permitirá resolverlo y no hará más que aumentar el sufrimiento físico y psicológico.
La reacción más positiva es reconocer la realidad del problema y decirse que usted debe aportar una solución lo más rápido posible.
La segunda etapa: encontrar la solución al problema
A continuación, la segunda cosa que hay que hacer es ponerse en las mejores condiciones para encontrar una solución al problema, tanto si lo prevé o lo sufre.
Para eso, usted tiene necesidad de conservar o encontrar un estado de tranquilidad lo más rápidamente posible. No hay sobre todo que entrar en pánico, alarmarse, reaccionar violentamente, perder las formas... ¡Todas estas reacciones negativas no harán más que añadir aún más estrés a aquel ya creado por la situación en cuestión!
Su reacción deberá consistir entonces en (re)establecer el estado de calma necesario para reflexionar sobre el problema y aportar una solución adecuada. Para esto, debe de entrada trabajar sobre el control de su respiración porque esta conduce a la dominación de la mente.
Para eso, aplíquese para realizar las respiraciones profundas sin no obstante forzar su respiración. Deje su respiración profundizarse naturalmente.
Con un poco de hábito, al cabo de algunos minutos, usted debería haber alcanzado o restablecido el estado de calma necesario para la búsqueda de una solución a la situación.
Practique estos consejos con paciencia porque no siempre es fácil cambiar los hábitos negativos sobre todo, si usted los practica y los sufre desde hace mucho tiempo.
Usted los tiene porque alguien le ha enseñado a reaccionar de esta forma, ya sea en el transcurso de su infancia o ya sea tras algunas pruebas que haya sufrido en su vida.
Trate de entrada con problemas poco serios si usted tiene una naturaleza muy emotiva. Poco a poco, a medida que usted experimentará y asimilará esta técnica de auto-control, podrá aplicarla en los casos más delicados.
La tercera etapa: practique la satisfacción
El método que acabo de darle es el que yo denomino “la solución de primeros auxilios” a fin de poder reaccionar lo más rápido posible, una vez que se encuentre en una situación difícil.
Sin embargo, la mejor solución consiste en practicar la satisfacción. Esto quiere decir que reaccione idénticamente a las situaciones que se presenten: ¡favorables o desfavorables! Para esto, es preciso que se diga que la vida es un sucederse de alegrías y de tristezas, de éxitos y fracasos, de desgracias y dichas... Lo principal es comprender esta verdad.
No se trata, evidentemente, de resignarse a padecer las dificultades sino de ponerse en la situación ideal para resolverlas. Tomárselas de forma positiva y coger el toro por los cuernos es, ciertamente, la mejor manera de encontrar rápidamente soluciones en todas las circunstancias, en todo momento.