miércoles, 17 de diciembre de 2014

La nueva ciencia de la sexualidad femenina

En cuestión de sexo, las mujeres tienen la sartén por el mango. Ellas son las que, tras un minucioso proceso de observación y evaluación, seleccionan a su compañero. ¿Pero cuáles son las cualidades que ha de reunir un hombre para ser el elegido?
Quienes creen que hombres y mujeres viven el sexo del mismo modo se equivocan. Como asegura el psicólogo John Gray en su libro Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus, “los hombres y mujeres no sólo se comunican de manera diferente, sino que piensan, sienten, perciben, reaccionan, responden, aman, necesitan y valoran de manera totalmente dispares. Casi parecen proceder de planetas distintos, con idiomas distintos y necesidades también desiguales”. Los neurobiólogos saben ahora que los sexos están sexualizados: las regiones responsables de la conducta sexual son diferentes en el hombre y la mujer.
La última evidencia de esta disparidad de géneros a nivel cerebral acaba de aparecer publicada en la revista Neuropsychology. En el artículo firmado por Erik Everhart y sus colegas de la Escuela de Medicina y Ciencias Biomédicas de Buffalo, en la Universidad Estatal de Nueva York, puede leerse que, los chicos y chicas prepubescentes, aunque muestran una misma habilidad para reconocer los rostros e identificar las expresiones faciales, en los primeros se utiliza para ello más el lado derecho del cerebro, mientras que las niñas echan mano principalmente del hemisferio izquierdo. “Esto sugiere que los cerebros de ambos sexos están organizados de manera distinta antes de alcanzar la mayoría de edad”, comenta el doctor Everhart. Sus palabras corroboran lo que en cierta ocasión manifestó el médico madrileño Gregorio Marañón: “el cerebro es el órgano sexual más importante del ser humano”.
Radiografía sexual de la mujer española
Primera relación sexual: 18,4 años
Frecuencia con la que practica el sexo: 88 coitos al año
Número de parejas sexuales a lo largo de la vida: 3,3
Fidelidad a la pareja: El 86 por 100 nunca ha sido infiel
Comportamiento celoso: 48 por 100
Mayor temor sexual: Contraer el sida
Lo que más valoran de la pareja: El carácter (79,9 por 100 ), las creencias y valores (68,3), el atractivo físico (53,8 por
100) y la capacidad sexual (46,7 por 100)
Tipo de relación preferida: Estable y con la misma persona
Lo primero que miran de un hombre: Los ojos (69,9 por 100) y la boca (38,8 por 100)
Parte del cuerpo masculino más excitante: Las nalgas (59 por 100)
Fantasías sexuales: Las experimentan el 47,8 por 100 de las mujeres
Prototipo masculino: George Clooney Ricky Martin
Valoración de imagen propia: 6,6 puntos sobre 10
En qué se fijan ellas
Aseguran algunos antropólogos que ciertas partes de la anatomía masculina actúan como señales corporales que son valoradas por las mujeres a la hora de elegir compañero. Éstos son los puntos claves del físico masculino:
- Torso con forma de V: los hombros han de ser más anchos que el talle.
- Estatura por encima de la media.
- Piernas largas y músculos bien desarrollados, aunque no en exceso, caso de los culturistas.
- Rostro simétrico, mandíbula y mentón pronunciados. Ojos más grandes que la media.
- Cuerpo con vello abundante; hoy la moda indica todo lo contrario.
- Pene con una longitud por encima de la media.
¡Qué chico más mono!
La musculatura y la belleza facial son las señales corporales del hombre que determinan en primera instancia su atractivo sexual. En todas las culturas, las mujeres prefieren los hombres bien proporcionados.
El papel de los instintos
También yerran los que proclaman el dominio masculino en la arena erótica. La ciencia lo ha confirmado: en el amor es ella quien tiene la sartén por el mango. La mujer observa, evalúa y selecciona el compañero, y luego decide si tendrá hijos con él o con algún otro. Lo hace sin darse cuenta, pero lo hace. Porque, mal que pese a muchos, la cultura no ha logrado erradicar, aunque sí tamizar, todos nuestros instintos ancestrales. “Los humanos, la única especie racional, nos movemos todavía en la irracional esclavitud de los programas de comportamiento de tipo animal”, asegura el profesor Jared Diamond, fisiólogo de la Universidad de California en Los Ángeles y autor del libro ¿Por qué es divertido el sexo?
Las fuerzas de la selección natural forjaron durante millones de años nuestros complejos y en ocasiones exclusivos comportamientos sexuales que, como se ha mencionado, han sido anulados o enmascarados por los reparos morales y la educación recibida. Algunos antropólogos afirman que el sexo femenino, gracias a su capacidad selectiva a la hora de elegir compañero, fue el motor real de nuestra evolución.
Unos chicos con pedigrí
Lejos de cualquier postura androcéntrica, “las hembras humanas, como las de las demás especies animales, se enfrentan al dilema de seleccionar un macho con el que aparearse, preferiblemente uno que lleve buenos genes que serán transmitidos a la prole de la hembra”, dice el profesor Diamond. Y añade: “ésta es una tarea difícil porque, como toda mujer sabe perfectamente, las hembras no tienen ningún método directo para evaluar la calidad de los genes de un macho”. El primer criterio de selección está en ciertos rasgos de la anatomía del varón. En el mundo animal, las señales corporales juegan un papel trascendental en la comunicación y la elección de pareja. La larga cola del pavo real y el pájaro tejedor, el pelo plateado de la espalda del gorila y la cornamenta del ciervo constituyen ornamentos sexuales que cumplen una doble función: atraer a parejas potenciales del sexo opuesto y disuadir a posibles rivales. ¿Existen estas señales de calidad en el hombre? No pocos expertos se resisten a aceptar que las mujeres compitan por los hombres, así como que hayan evolucionado ornamentos corporales en uno y otro sexo con este propósito.
Rivalidad entre féminas
Otros sin embargo, aseguran que la rivalidad femenina es patente: de forma consciente, las mujeres decoran y modifican quirúrgicamente sus cuerpos para estar atractivas. Y, aunque los cánones de belleza culturalmente influidos varían con el tiempo, existe una serie de señuelos sexuales repartida por la anatomía masculina en la que la mujer centra su atención. La musculatura y la belleza masculina ocupan un lugar preeminente.
Los antropólogos afirman que las primeras características a tener en cuenta son la simetría del rostro y las proporciones físicas entre las distintas partes del cuerpo masculino. La relación entre el talle y la cadera, por ejemplo, ha de ser de 0,9.
Se podría razonar que la belleza no dice nada acerca de la calidad genética y cualidades como progenitor del pretendiente pero, como asegura el profesor Diamond, “el rostro es la parte más sensible a los estragos de la edad, la enfermedad y las lesiones”.
Una faz simétrica y una mandíbula pronunciada son indicadores de un buen equilibrio hormonal durante la pubertad; y la posesión de una estatura por encima de la media y la presencia de una buena, pero no exagerada, masa muscular demuestran que la infancia ha transcurrido sin graves padecimientos. En principio, los hombres con estas características físicas son los portadores de los mejores genes: tener hijos con ellos resulta ventajoso, ya que probablemente serán sanos.
Se trata de una preferencia que ha quedado patente en numerosas investigaciones: científicos de la Universidad de Wroclaw, en Polonia, han cotejado la estatura de 3.200 hombres de 25 a 60 años con el número de hijos que tenían. Los resultados son significativos: en cualquier franja de edad, los hombres sin descendencia eran más bajos que los padres con incluso un solo vástago. ¿El motivo? Las mujeres habían elegido tener descendencia con varones altos, afirman los autores del trabajo.
Según recientes estudios, este trabajo de selección de pareja a veces está influenciado por la propia fisiología femenina. Las hormonas, por ejemplo, condicionan a la mujer a la hora de valorar el atractivo físico. En un artículo publicado hace tres años en la revista Nature, científicos escoceses y japoneses afirmaban que las preferencias femeninas respecto a la belleza del rostro masculino varían a lo largo del ciclo menstrual. Durante la ovulación y el embarazo, las mujeres se inclinan por los hombres con caras muy masculinas, mientras que durante la menstruación se decantan por rostros afeminados. Todo un misterio.
Como cabría esperar, el físico no lo es todo. La inteligencia del compañero es otro factor que la mujer tiene presente.
Genial y guapo
Un estudio pone de manifiesto que las preferencias de la mujer por los rasgos faciales masculinos varían a lo largo del ciclo menstrual. Concretamente en la fase folicular, cuando la probabilidad de quedarse embarazada es mayor, se decanta por los rostros muy masculinos que, según los biólogos, son indicativos de buena competencia inmunológica. Dicho de otro modo, busca una salud de hierro que se pueda trasmitir a los hijos.
Una segunda investigación hecha pública por la Asociación Psicológica Americana relaciona el tipo de encuentro sexual con las dotes intelectuales que ha de reunir la pareja. Como se aprecia en el gráfico inferior, las mujeres son más exigentes que los hombres a la hora de establecer un encuentro sexual esporádico: en el estudio, rechazaron al 40 por 100 de los hombres. Éstos seleccionaron al 80 por 100 de las damas.
¡Qué excitante!
El orgasmo es, sin duda alguna, una experiencia subjetiva cuya calidad varía de una persona a otra. Ahora bien, cuando en una reunión de hombres sale a la palestra el clímax masculino la unanimidad de criterios no deja lugar al debate. Casi todos, por no decir todos, describirán el orgasmo como una descarga explosiva de la tensión sexual que culmina con la eyaculación. Para el hombre, la emisión del semen es el acuse de recibo de que ha llegado el orgasmo, a pesar de ser dos cosas distintas.
No sucede lo mismo en la mujer. El clímax femenino es mucho más elaborado y rico en matices que el masculino. La mayoría de las mujeres entrevistadas por la pareja de sexólogos Master y Johnson describe la culminación del acto sexual más o menos de la misma forma: en primer lugar, una repentina conciencia de la sensualidad localizada en la región del clítoris, que irradia hacia la pelvis; después, una sensación de calor ardiente que invade la pelvis menor y que puede atravesar todo el cuerpo y, finalmente, palpitaciones producidas por contracciones involuntarias de los denominados músculos perivaginales –los esfínteres anal y vaginal– y la musculatura clitoriana.
Un cuerpo en llamas
Durante el juego erótico, el cuerpo femenino experimenta unos cambios que preparan al organismo para el orgasmo. Éste ocurre a nivel del clítoris.
1: OJOS. Las pupilas se dilatan
2: NARIZ. Las ventanas nasales se dilatan durante la excitación y el clímax.
3: LABIOS. Se hinchan, enrojecen y humedecen.
4: PULSACIONES. El ritmo cardíaco pasa de 70/80 pulsaciones por minuto a
90/100 durante la excitación, y alcanza las 130 durante el coito.
5: MANOS. Se hinchan y aumenta la sudoración de las palmas.
6: PRESIÓN SANGUÍNEA. La sistólica empieza aproximadamente en 120 mm Hg y supera los 250 mm Hg en el orgasmo.
7:PEZÓN. Su longitud aumenta hasta 1 cm.
8: AREOLA. Se hincha y toma un color más vivo.
9: SENOS. Las mamas crecen de tamaño hasta un 20 por 100. Se hacen mas firmes, redondas y protuberantes.
10: VIENTRE. Aparece el rubor sexual, que poco a poco se extiende por el tórax y el cuello, y a veces se difunde hacia las mejillas y la frente.
11: CLÍTORIS. Los labios externos e internos triplican su tamaño y adquieren un tono rojo escarlata intenso. El clítoris se pone erecto. La estimulación sexual hace que la vagina se lubrique: sus dos tercios superiores se hinchan y se invaginan en una especie de erección interna que empuja el útero hacia arriba y hacia atrás.
12: PIEL. Se carga de electricidad y se hace más sensible a las caricias eróticas.
13: RESPIRACIÓN. Se hace cada vez más profunda a medida que avanza el grado de excitación. En el momento del orgasmo, se inspira y se exhala aire hasta 60 veces por minuto.
Los órganos sexuales de hombre y mujer tienen el mismo origen embrionario
Aparentemente muy distintos, los órganos genitales masculino y femenino comparten muchas estructuras que tienen un mismo origen embrionario. De hecho, cuando el órgano sexual aparece hacia la quinta semana de gestación resulta del todo imposible determinar si el bebé será niño o niña
Se puede afirmar que el programa básico de desarrollo sexual de los genitales es femenino. El cambio hacia el lado masculino sólo se produce si el programa genético del embrión hace entrar en escena a la testosterona, hormona producida por las células Leyding del testículo. Así, el tubérculo genital, que en el hombre da lugar al pene, en la mujer no se desarrolla, y los rodetes labioescrotales, que en el hombre se fusionan y originan el escroto, en la mujer permanecen separados y dan lugar a la vulva, o sea, los genitales externos.
Tres formas de vivir el deseo erótico
En teoría, la respuesta sexual de ambos sexos discurre por cuatro fases bien diferenciadas: excitación, meseta, orgasmo y resolución. A diferencia de los hombres, el goce sexual femenino resulta algo más complejo y rico en matices. No obstante, los sexólogos distinguen tres tipos de respuesta sexual femenina que se repiten siguiendo unos patrones concretos que detallamos a continuación:
Patrón 1. Tras un largo periodo de excitación con pequeñas frenadas, la mujer se dirige rápidamente al orgasmo, donde permanece un rato entre contracciones de placer, antes de descender de forma vertiginosa al estado de reposo.
Patrón 2. La excitación discurre de forma lenta y gradual, hasta llegar a la meseta, donde se entretiene para recuperar energías y encarar el clímax. Aún con las contracciones orgásmicas, la mujer puede volver a la fase de meseta, para experimentar un segundo orgasmo.
Patrón 3. La mujer llega con rapidez a la zona de meseta. Una vez aquí, permanece en una situación de estimulación ondulante, con subidas y bajadas, que culmina con el orgasmo. El periodo de resolución es igualmente lento. En estos casos, se puede producir una congestión pelviana crónica que hace que el coito resulte doloroso