viernes, 9 de enero de 2015

5 verdades que la industria de la moda no quiere que sepas

Además de los excesos, la publicidad sexista, la promoción de la delgadez, los gastos, los problemas con temas humanitarios y las demandas, la lista de críticas a la industria de la moda sigue aumentando.
Shannon Whitehead escribe 5 verdades sobre este negocio que mueve miles de millones de dólares en todo el mundo y nadie quiere que sepas:
1. Está diseñada para hacerte sentir como que ‘no estás in’ a la semana siguiente y tienes que volver a comprar
Erase una vez, una época en la que existían sólo dos temporadas de moda: Primavera/Verano y Otoño/Invierno. Pero llegamos al año 2014 y la industria de la moda tiene 52 ‘micro-temporadas’ al año. Con nuevas tendencias apareciendo todas las semanas, la meta de la industria es que los consumidores compren tantas prendas como sea posible tan rápido como sea posible.
Según Elizabeth Cline en su libro Vestida en Exceso: Los caros precios de una moda barata, comenta que la mercancía de la moda rápida tiene, usualmente, un precio mucho más bajo que el de la competencia, operando con un modelo de negocios de baja calidad / alto volumen.
Cline sindica a la empresa española Zara como la pionera en este concepto de moda rápida, con nuevas entregas en sus tiendas dos veces por semana. En el momento en el que escribió el libro, comenta que H&M y Forever21 recibían entregas diarias con nuevos estilos, mientras que Topshop introducía 400 nuevos estilos cada semana en su sitio.
Con los diseñadores creando nuevos looks cada semana, el calendario de moda de estas compañías hacen sentir al cliente, de forma deliberada, que ya no está a la moda luego de usar la prenda sólo una vez.
2. Los ‘descuentos’ y ‘outlets’ no son reales
Los amantes de la moda de segunda mano aman la idea de ir a una tienda outlet como TJ Maxx o Marshall’s y irse a casa con marcas de diseñador por la mitad del precio. Desafortunadamente, las prendas que compramos y que creemos son de marca lo más probable es que nunca lo hayan sido.
“Dejando de lado la creencia popular, la ropa de los outlets nunca llega a una tienda ‘normal’ y probablemente es producida en lugares diferentes que ‘la ropa común,’ comenta Jay Hallstein en “El Mito del Maxxinista.”
La realidad es que los outlets tienen acuerdos con los diseñadores para poder ponerle etiquetas de diseñador a prendas que fueron producidas en sus propias fábricas y con baja calidad.
Un artículo que apareció en Jezebel de Hillary Crosley lo confirma: “La mentira ha sido revelada: Grandes marcas tales como J. Crew, Gap y Saks’ Off 5th no te venden ropa con descuento o mercancía fuera de temporada en sus outlets. Simplemente estás comprando chalecos y pantalones de menor calidad.”
3. Puedes encontrar peligrosos químicos en tu ropa
Según el Centro de Salud Medioambiental, Charlotte Russe, Wet Seal, Forever21 y otras marcas populares aún venden carteras, cinturones y zapatos contaminados con plomo que exceden lo legalmente permitido, aún años después de llegar a un acuerdo para limitar el uso de metales pesados en sus productos.
Un artículo del New York Times comenta que el Centro de Salud Medioambiental se ha centrado en reducir el contenido de plomo en artículos dirigidos a mujeres jóvenes ya que la acumulación de este metal pesado en los huesos puede ser liberado durante el embarazo, siendo posible que dañe tanto a la madre como al feto.
La exposición al plomo también ha sido conectada con mayores tasas de infertilidad en las mujeres y con un aumento de riesgo de padecer infartos, derrames y alta presión arterial. Muchos científicos están de acuerdo en que no existe un nivel ‘seguro’ de exposición para nadie.
La contaminación por plomo se añade a los pesticidas, insecticidas, formaldehído, retardadores de llamas y otros cancerígenos conocidos que pueden ser encontrados como residuos en la ropa que usamos.
4. La ropa es diseñada para que se rompa
Gigantes de la industria de la moda como H&M, Zara y Forever21 se preocupan sólo de las ganancias y de nada más. Sus modelos de negocios dependen del deseo de los consumidores de tener ropa nueva para usar, lo cual es prácticamente instintivo si es que la ropa se rompe en el primer lavado.
“Una tienda como H&M produce cientos de millones de prendas al año,” comenta la autora Elizabeth Cline. “Le dan un margen a la ropa entre lo que realmente cuesta y el precio al que la venden y obtienen ganancias al vender un océano de prendas.”
Entonces, ¿por qué nos debiese importar? Porque el estadounidense promedio bota alrededor de 30 kg (68 libras) de ropa cada año. No estamos hablando de ropa que es donada a caridad o vendida, estamos hablando de 30 kg que se van directo a los basureros. Debido a que la mayoría de las prendas hoy en día son fabricadas con fibras sintéticas derivadas del petróleo, necesitaremos décadas para que las prendas se descompongan.
“Ves algunos productos y es simplemente basura. Es basura,” comenta Simon Collins, decano de la facultad de moda de Parsons La Nueva Escuela de Diseño. “Y la verdad es que lo doblas y piensas, sí, lo vas a usar para la fiesta del sábado y luego, literalmente, se va a romper.”
5. Las decoraciones con joyas o lentejuelas son una indicación de trabajo infantil
Estimaciones indican que entre el 20% al 60% de la producción de prendas es cosida en casa por trabajadores informales, según la autora del libro Para Morirse: ¿Está la moda destruyendo el mundo?, Lucy Siegle.
Si bien existen máquinas que pueden aplicar joyas o lentejuelas para que se vea como que fueran hechas a mano, son muy caras y deben ser compradas por la industria que realiza la prenda. Según Siegle, es poco probable que una industria al otro lado del mundo invierta en tal equipo, particularmente si la ropa que se confecciona es hecha para una marca que se centra en los costos y en el desechar rápidamente una prenda.
Llevando a cabo su propia investigación, Siegle descubrió que existen millones de trabajadores desesperados que trabajan desde casa en algunas de las regiones más pobres del mundo, “agachados, cosiendo y bordando los contenidos del armario mundial… en barrios pobres donde una familia entera puede vivir en una sola pieza.”
Usualmente con la ayuda de los niños, los trabajadores cosen lo más rápido que pueden, durante la mayor cantidad de horas posibles para hermosear las ropas que terminarán en nuestros armarios. Siegle también comenta que “apenas tienen dinero para vivir, usualmente presididos por intermediarios que les pagan unos de los sueldos más bajos de la industria textil.”