lunes, 16 de febrero de 2015

¿Qué le pedís a los demás que no sabés darte a vos mismo?

“No me reconocen”, “Nunca es suficiente”, “Nadie me valora”, “No sirvo para nada“, “Estoy desperdiciando mi vida”, “Acá no hay respeto por los que queremos hacer las cosas en serio” y “Total para qué si todo da lo mismo”
Seguramente vos podés sumar un montón de estas frases. Cuando te das cuenta de que estos pensamientos te poseen y la vida se puso gris de pronto… ¿Cómo salir?
Para empezar, hay que querer salir. Todos estos pensamientos son altamente adictivos. Le damos permiso a uno y aparecen decenas de otras frases boicoteadoras que enseguida nos derrumban. Somos tan creativos para dañarnos!!
Contamos nuestras penas, nuestra indignación, nuestro drama porque obviamente siempre hay un par de oídos receptivos a estas cosas. De los adictos al Drama nos vamos a ocupar pronto. Si estamos en fase de recuperación y entendemos que esos pensamientos nunca terminan en nada bueno, podemos poner un freno. ¿Cómo?
Una buena herramienta para salir es gritarnos internamente… Esto no es verdad!! Esto que estoy pensando no soy yo!! Solo navego por una parte de mi que se dejó contaminar por cosas que quién sabe de dónde vendrán. No me importa, pero que se vaya!
Querer esos pensamientos fuera de uno… es una buena opción para comenzar. Otra estrategia es mirar un poco más allá. Escucharse. Toda esta demanda, ¿a quién se la estamos haciendo? A nosotros mismos!!
Por eso empecé esto con mi pregunta de cabecera de estos tiempos: ¿Qué le estoy pidiendo a los demás que no puedo darme a mí mismo? Valoración. Respeto. Comprensión. Amor.
Con este aprendizaje perverso que nos metieron a la fuerza, de que nada es suficiente, vivimos de reclamo en reclamo para el mundo de afuera.
¿Y si reenfocamos la mirada? ¿Y si comenzamos por el autorrespeto y la valoración a nosotros mismos? ¿Y si un camino es comprendernos? ¿Amarnos todo lo que somos?
No hay nada que venga de un otro que satisfaga nuestro hambre desmedido de querernos, de sentirnos cómodos siendo nosotros mismos. Por eso, cada vez que me escucho haciendo una lista de reclamos interminables, freno y me lo vuelvo a preguntar.
Me decidí a lanzarla al Universo para saber si hay otros por ahí sintiendo lo mismo… Sé que somos muchos y que nos tenemos que encontrar.