viernes, 25 de diciembre de 2015

“Tan malos no deben ser los putos si todos los pelotudos los odian”

Esa frase me regaló hoy un taxista. Un taxista que me alegró las fiestas.
Hoy a la mañana me subo a un taxi.
Yo hablaba por teléfono con mi novio.
Al cortar el teléfono él me dice “¿Me permitís una indiscreción….?”
Yo, con cierto temor, le digo que sí.
Él me cuenta que hace poco su hijo les dijo que es homosexual. Y que el siempre “todo bien con los putos”, pero que le estaba siendo muy difícil decir lo mismo ahora que su “hijo es el puto”.
Que se sentía culpable.
Que buscaba un/a culpable.
Que además se sentía culpable por sentirse o buscar un culpable.
Que a su hijo nunca le gustó el futbol. Y que él de todos modos lo llevaba a la cancha.
Y que ahora entendía muchas cosas. Y que no entendía nada.
Que el quiere darle lo mejor. Y que tiene miedo.
Y se siente frustrado.
Y está enojado. Y a veces le grita, y a veces lo entiende,
y a veces se enoja consigo mismo por no poder entenderlo.
“Yo voy a ser mejor persona. Yo quiero que el sea feliz. Y voy a cambiar porque lo amo y quiero que el sea feliz. Me va a ser difícil, imagínate, yo fui tachero toda mi vida… yo voy a la cancha, a donde ser maricón es un insulto. Y ahora que me pasa todo esto yo pienso...: tan malos no deben ser los putos si todos los pelotudos los odian. Los nazis, los facistas, los fundamentalistas, los religiosos ortodoxos, los milicos en la dictadura, los de ultra derecha… en fin… toooodos los pelotudos”
Y que me contaba todo esto porque necesitaba un consejo.
Y hablamos. Hablamos mucho.
Hablamos del amor, de la empatía, de la culpa y de dejar ser feliz al otro.
Hablamos de los padres, de los mandatos, de las familias.
Y al final él me dijo:
“Gracias por la contención. Voy a tener que empezar a hablar con gente joven. Hablar con mis amigos tacheros no estaría funcionando”
Y los dos nos reímos.
Yo me baje del taxi feliz.
Pensando que el amor puede cambiar muchas cosas.
Y eso es hermoso.