martes, 17 de enero de 2017

Claves para darle color a nuestros días

Evita usar las palabras nunca, siempre, todo o nada: El significado de estas palabras tiene una connotación negativa que puede influir en la idea de que la situación que estás enfrentando no tiene salida o que se repetirá continuamente en tu vida.

Procura no dramatizar o exagerar las cosas que pasan: Muchas veces, eres tú quien le agrega gravedad a una situación con tu manera de interpretarla. Repetir frases como: "Ya no puedo seguir luchando", "no tengo más fuerzas", "es demasiado difícil, no puedo resolverlo", "prefiero abandonarlo todo", "se acabó, es el fin"... te llevan a sentirte paralizado e incapaz de salir adelante. Evalúa las probabilidades de que ocurran esos eventos catastróficos que imaginas y piensa en cómo podrías resolverlos en caso de que se presentaran.


Trata de no generalizar: En lugar de concluir que el día ha sido terrible porque discutiste con tu pareja, no encontraste las llaves, no te salieron las cosas como querías, expande tu visión hacia el resto de las actividades que también realizaste durante el día y reconoce lo positivo y efectivo que pasó. Deja de repetirte mentalmente: "Siempre me pasa lo mismo; fracasé una vez y ya no podré conseguirlo... ". En lugar de considerarlo como una conclusión, busca una prueba que lo contradiga y que te muestre nuevas posibilidades.


Busca no quedar atrapado en ideas negativas: Cada vez que tengamos un pensamiento negativo con respecto a cualquier situación que vayamos a enfrentar, construyamos pensamientos positivos de nuestras capacidades y posibilidades. De esta manera, el músculo del optimismo se fortalecerá, ayudándonos a ganar más confianza y bienestar.


Evita anticipar resultados o consecuencias negativas: Cuando estés en una situación difícil, por dura que te parezca, evita imaginar que sucederá lo peor. Piensa en que todo se resolverá de la mejor manera y dedícate a buscar los elementos positivos que esta también tenga. ¡Imagina y espera lo mejor con optimismo! Verifica la información que tienes para llegar a esa conclusión, tal vez descubras que no tienes suficientes pruebas que la confirmen.


Baja tu nivel de autoexigencia: La mayoría de las veces te exiges demasiado y esto te produce ansiedad, perfeccionismo y estrés. Revisa las palabras "tendría", "debería", y piensa en por qué estás imponiéndote esa tarea, ese compromiso. Luego decide si es realmente importante o necesario que asistas, que lo hagas o que te involucres. Aprende a ser más flexible en tus ideas y pensamientos; busca alternativas y suaviza tu experiencia de vida.