martes, 28 de febrero de 2017

Aumentá tu productividad en cuestión de horas - Federico Tessore

Seguramente te habrá pasado que te proponés trabajar o a estudiar, y cuando te sentás a tu escritorio, no sabés cómo arrancar y te pasás horas en un estado improductivo que te preocupa. ¿Cómo continuás? Te voy a contar cuáles son las tácticas a las que recurro en esas situaciones.
Todos atravesamos momentos de poca energía y picos de alta productividad, ya seas médico, abogado, plomero, ejecutivo de atención al cliente o padre.
Podés ser un pintor que no sabe qué color usar, un actor que no puede sentir el personaje que tiene que representar o un chapista que no sabe cómo reparar el abollón de un auto.
En mi caso, los “bloqueos” vienen con la escritura… escribo todos los días durante muchas horas y suelo experimentar momentos en los que mi energía es baja y me cuesta comenzar.
Al igual que en el mercado bursátil, en el mundo laboral y en el educativo hay días rojos y días verdes. Días en los cuales el trabajo fluye sin mucho esfuerzo y días en los cuales producir se vuelve una tarea muy complicada.
Entonces, ¿cómo hacerle frente a estos cambios de humor y momentos diferentes? ¿Cómo hacer para ir y mostrar una sonrisa, cuando lo único que querés hacer es dejar todo y salir a distraerte?
Desde la perspectiva de un escritor, yo uso algunos trucos que me ayudan a tener un día productivo. A continuación voy a compartir con vos algunas de estas tácticas a las que recurro en mis momentos de confusión que te podrían resultar de suma utilidad en momentos laborales difíciles.
La idea detrás de esta propuesta es clave: si mejorás tu productividad va a irte mejor en tu trabajo, ya seas empleado a cuenta ajena o dueño de un emprendimiento:
Empezá a hacer una tarea, por menor que sea
Es imperativo que cuando estás en esos momentos improductivos, rompas ese clima de incertidumbre haciendo algo. Cualquier cosa.
Lo que yo hago en esos momentos es salir a correr o andar en bicicleta. La actividad física ayuda mucho a dinamizar nuestra mente. Si el deporte no es lo tuyo, podés salir a caminar. Una vuelta a la manzana te puede liberar del bloqueo y te puede ayudar a encarar tu primera tarea con más energía.
Porque luego de hacer este corte es fundamental empezar alguna actividad cuanto antes, aunque ésta no sea tan importante. Por ejemplo, podés comenzar leyendo emails, contestando algunos y eliminando otros.
Yo en general entro en calor sin hacer algo muy importante, pero intento empezar y no desperdiciar mucho tiempo en el trayecto.
Una cita de Mark Twain explica bien ésto: “El secreto para avanzar es empezar. Hay que dividir las tareas abrumadoras importante en tareas manejables más pequeñas y, luego, empezar con la primera”.
Ése es mi primer paso los días que tengo poca energía: me mantengo activo para ir “entrando en tema” de a poco.
El segundo paso implica dividir una tarea ambiciosa en muchos pasos pequeños. Por ejemplo, pongamos el caso de que decidís escribir un libro. Si te ponés la presión de escribirlo de principio a fin y de un día para el otro, la tarea será muy complicada. En cambio, si vas trabajando capítulo por capítulo, de manera ordenada y paciente, el desafío se transforma en algo mucho más manejable.
No esperes a la “inspiración”… mejor andá a buscarla
Con el paso de los años y de la experiencia me convencí de que a la “inspiración” no se la espera… sino que se la va a buscar. Nosotros mismos somos quienes regulamos cuándo nos sentimos “inspirados” y cuándo no.
Así que en esta instancia, salgo a la búsqueda de mi propia inspiración. No pienso sentarme a esperar que aparezca cuando ella quiera, porque el trabajo tiene que estar resuelto ese mismo día.
Empiezo a explorar un poco más sobre el tema del que quiero escribir y busco material en Internet para sostener mis argumentos. Leo libros, revistas, informes especiales. Recorto lo que más me interesa y lo cuelgo en la pared. La inspiración viene cuando más trabajo y cuando más investigo. Seguro que en algunos días tengo más energía que en otros, pero si hago el trabajo de fondo, siempre tendré un mínimo de inspiración para seguir avanzando.
Eliminá el peso de las expectativas
Finalmente, es hora de arremangarse y comenzar la parte más dura del trabajo. Acá es donde aparece el verdadero desafío. En mi caso, es hora de hacerle frente a la hoja en blanco, y de poner palabras en el papel. ¿Alguna vez abriste la heladera, viste muchas verduras y te preguntaste qué cocinar? Es esa misma sensación.
Te preocupará el resultado final, porque querrás que tu trabajo sea bien recibido.
Ahí es donde tenés que darte cuenta de que, primero y principal, estás haciendo la tarea por vos mismo y tenés que creer en ello. Eliminá las expectativas y el peso de los éxitos y fracasos anteriores y sé, simplemente, fiel al trabajo que tenés en tus manos. Luego se verá si conformás a tu cliente, tu jefe o tus profesores. Pero mentalizate en que es un trabajo que irás produciendo y mejorando. Lo más importante será que termine de realizarse.
Mantenete en lo más alto todo lo que puedas
Pasaste las instancias anteriores con éxito. Te desbloqueaste y finalmente encontraste la productividad que estabas buscando. En este paso, lo más importante es que mantengas la concentración todo el tiempo que puedas y que en lo posible trates de finalizar la tarea en esa misma jornada.
A esta altura te encontrarás en un pico de rendimiento, por lo tanto deberías aprovecharlo todo el tiempo que puedas para obtener el mayor beneficio. Te costó llegar a lo más alto. Ahora el reto es mantenerlo para culminar la jornada con el mayor éxito posible.
Te desafío a que tengas bien presentes estas tácticas y las pongas en práctica. Si repasás estos puntos uno por uno, vas a notar cómo tu jornada se vuelve más y más productiva.
Y cuando termines tu día, esa productividad que lograste a lo largo de las horas se va a traducir en alivio y alegría por haber trabajado de manera eficiente y cumplido tus expectativas.