martes, 21 de marzo de 2017

Lo que más me costó entender: ganar dinero y disfrutar - Mark Ford

He participado en infinidades de empresas y en el camino me he vuelto millonario. Sin embargo, tuve que sacrificar muchas cosas, una de ellas el tiempo con mi familia y esposa. Hoy quiero compartir con vos mi experiencia para que te sirva de catalizador de tus ideas.
Durante la mayor parte de mi vida, desde mis veintipico, me dediqué casi por completo a ganar dinero.
Empecé con empresas de servicios: arreglos de techos, carpintería, construcción de piletas, trabajos de pintura en casas.
Luego, pasé a empresas minoristas: restaurantes, bares, gimnasios, centros de artes marciales, agencias de turismo y dos galerías de arte. Fundé dos empresas de R.R.P.P. y una empresa de monedas poco comunes.
Luego, me introduje en el mundo del marketing directo. Soy dueño y dirijo empresas en casi todos los campos que puedas imaginar. Vendemos relojes, joyería, televisores, relojes antiguos, tomates, anteojos de sol, revistas, perfumes y cosméticos, por nombrar algunos.
Luego, me metí en algo que realmente me interesaba: el mundo de las editoriales. Tengo o dirijo decenas de editoriales. Vendo libros, revistas, newsletters sobre viajes, salud, negocios, bienes raíces e inversiones.
Desarrollé un enorme centro vacacional en el océano Pacífico en América Central y empecé varios programas educativos para adultos.
Hay una cosa que me enorgullece: salvo excepciones, nunca recurrí a contratos para salvaguardarme. Siempre trabajé mediante acuerdos de confianza que tenía con mis socios y el conocimiento que tenía sobre los negocios y las inversiones.
Muchas de estas empresas fueron rentables. Algunas crecieron con rapidez. Una de las empresas que me llamó la atención, por ejemplo, hoy tiene un valor de miles de millones de dólares.
Pero no todo fue color de rosas. Algunas de las empresas en las que invertí fueron grandes fracasos. (Como el club del récord del mes que empecé a mediados de la década de los ochenta. Me hizo perder unos US$750.000, según recuerdo).
Dos de mis socios me perjudicaron, y tuve que despedir a algunos de mis mejores amigos. Hace unos 20 años atrás, el gobierno de los Estados Unidos me demandó y salieron noticias terribles en los diarios locales.
Cuando el éxito es tu único impulsor, puedes tomar malas decisiones. Yo tomé las mías y aprendí de
ellas. Me hicieron más sabio y una persona de negocios más segura hoy.
Invertí mis ganancias de manera muy conservadora. Compré muchas propiedades, tanto comerciales como residenciales. Ingresé en el mercado en el momento justo y salí en 2005. He ganado mucho dinero invirtiendo en “ladrillos”.
También, fui un gran comprador de bonos municipales de calidad. Reestructuré mi cartera antes de que la prensa masiva se diera cuenta de los peligros que había allí. Y compré oro, mucho, mucho oro, cuando cotizaba a US$400 la onza. No fue suerte. Fue sentido común.
También fui inversor individual de acciones y especulé con ellas. Sin embargo, siempre fui una persona con información privilegiada, que empezaba y promovía varias empresas que cotizaban en mercado.
Aprendí sobre las acciones de adentro hacia afuera. Esto me hizo mucho más conservador, y me mantuvo fuera del mercado de las acciones durante las tres caídas más grandes que ocurrieron durante mi carrera como inversor.  
Cuando empecé a volverme rico, compré muchas pólizas de seguros de vida y rentas vitalicias. Pronto, me di cuenta que muchas de estas pólizas eran fraudes. Hoy, valoro mucho saber esto.
Luego tuve una epifanía…
Mi mujer y yo estábamos caminando por un puente en Roma. Ella estaba disfrutando del escenario. Yo, pensaba acerca de todas las empresas e inversiones que necesitaban de mi atención.
Parado en el puente, mirando el Río Tiber, me di cuenta de que no necesitaba seguir trabajando. Tenía dinero como para tres vidas más. Era momento de un cambio.
Hablé con mi esposa y le pedí disculpas por haber sido un maniático del dinero por 30 años y le prometí que no dedicaría mi vida nunca más a generar dinero.
Y mantuve mi promesa.
Estoy inmensamente agradecido por todo el tiempo que ella me soportó y por nuestros tres hijos, que ahora están intentando abrirse camino en el mundo.
Hoy, me considero “semiretirado”.
Vivimos en una casa de $5 millones con vista al océano en Palm Beach County. Y tenemos más inmuebles, oro, arte y efectivo que el que se pueda contar.
Me tomo entre seis y ocho semanas por año para irme con mi mujer a algún destino maravilloso. Nos gustan las ciudades. Elegimos una diferente cada verano. Nos hemos convertido en “ciudadanos” de París, Londres, Madrid, Aix-en-Provence, Chicago y, nuestra favorita, Nueva York. (Dos de nuestros hijos viven allí).
Algunas veces, alquilamos departamentos o casas de campo. Otras veces, nos hospedamos en hermosos hoteles boutique sobre los cuales ella ha leído.
Cada seis u ocho semanas, viajamos a nuestro segundo hogar con vista al océano Pacífico en Nicaragua. Allí, leo ficción y poesía, escribo libros y disfruto del vino fino y los cigarros.
Mi salud es mi prioridad más importante en este momento. Me ejercito dos veces por semana y compito a nivel superior en torneos de jiujitsu con hombres que tienen la mitad de mi edad.
Pero el cambio más grande que he hecho es cómo pensar en el dinero. Ya no es la prioridad más importante para mí. De hecho, ni siquiera pienso en ello.
Sigo como consultor de algunas empresas, pero solo empresas que me gustan y respeto. Y limito mi consultoría a lo que disfruto: enseñar y escribir.
Enseñar está en mi sangre. (Tanto mi padre como mi madre eran maestros, al igual que mi abuela y mi bisabuela). Enseñarles a otras personas lo que he aprendido sobre los negocios y la generación de riqueza es mi objetivo profesional principal.
Durante la última década, he escrito más de una docena de libros sobre el espíritu emprendedor, la generación de riqueza y la productividad personal, algunos de los cuales han sido best-sellers en el Wall Street Journal y el New York Times.
Durante años, pensé en escribir mi propio newsletter de inversiones, pero nunca pensé que hubiera un mercado para un asesoramiento de inversiones simple y de sentido común que funcionara.
Sin embargo, un antiguo colega y aprendiz mío me sugirió que lo intentara. Me dijo que creía que había una necesidad de ese tipo de asesoramiento de inversiones que les había estado dando a mis amigos en estas cartas.
Me dijo que los fracasos que habían estado sufriendo los inversores en los mercados durante años habían cambiado muchas mentes. Estaba seguro de que podía escribir un newsletter que la gente podría comprar. Dado que era (y es) uno de los editores de inversiones más exitosos del mundo, pensé, “Bueno, tal vez puedo hacerlo”.
Tal vez, les puedo enseñar a los inversores comunes lo que he aprendido. Tal vez, los puedo ayudar a evitar las tonterías que pasan como buenas ideas en la prensa financiera todos los días.
(Incluso en el The Wall Street Journal y en Barron’s, la mitad de las cosas que uno lee son para reírse).
Tal vez, puedo transmitir ideas de sentido común y simples que me han funcionado muy bien a mí.
¿Por qué no?
Después de todo, cuando te ha ido tan bien en los negocios… cuando has conocido (e incluso guiado) a docenas de gurúes de inversiones… cuando has ganado todo el dinero que necesitás… es momento de hacer algo distinto.
Enseñar y escribir me da el placer que el dinero ya no me da.
Lo que más espero es que mi experiencia dé sus frutos en vos.