jueves, 4 de junio de 2015

Budismo de Nichiren Daishonin

"Una mente nublada por las ilusiones que se originan en la oscuridad fundamental de la vida es como un espejo percudido, pero, cuando se la pule, se vuelve clara y refleja la iluminación de la verdad inmutable. Haga brotar una fe profunda y pula su espejo día y noche, con ahínco y esmero. ¿Cómo hacerlo? Sólo invocando Nam-myoho-renge-kyo, pues la invocación es, en sí, el acto de pulir". "Sobre el logro de la Budeidad" Los principales escritos de Nichiren Daishonin, vol. 1, pág. 5.

Puntos Esenciales de la Oración

La oración basada en la Ley Mística nunca debe ser abstracta, pues genera una realidad concreta en el nivel de la vida. Orar es iniciar un diálogo, un intercambio con el mismo universo. Cuando oramos, nuestro ICHINEN está abarcando el universo entero. La oración es una lucha denodada por expandir nuestra vida. La oración no es un débil consuelo, sino una convicción potente, rotunda e incondicional. Y debe manifestarse en acciones concretas: cuando la oración es seria y sincera, sin falta se traduce en acciones.

Es fundamental...

1) Tener un objetivo claro: enfocar un problema específico... trabajo, familia o el que fuera. Es esencial definir adónde queremos llegar.

2) Determinar una fecha, un plazo en el cual concretar en lugar de "dejarlo en manos del Gohonzon" porque de esta manera jamás se concretará. Nuestro Gohonzon no es un fin sino un medio, un instrumento para manifestar nuestra budeidad, nuestra felicidad. Entonces, en lugar de "pedir" como mendigos debemos, frente a cada situación, interrogarnos, buscar la manera de concretar: ¿cómo puedo lograr tal cosa? ¿Qué tengo que hacer? Resumiendo, el contenido del daimoku debe ser:

a) Preguntarse hasta que surja la sabiduría de "orar y preguntar" y, a partir de allí, ACCIONAR cuatro o cinco veces más que otra persona.

b) Orar sinceramente por la felicidad de los demás.

3) Debemos aprender a conocer nuestro propio corazón, teniendo presente que grabamos causa a cada instante, "pintamos" la realidad a cada momento, no solamente cuando estamos frente al Gohonzon. Y luego, por supuesto, accionar.

4) La mayoría de nosotros oramos para nuestro propio beneficio. Cuando sufrimos invocamos daimoku pero no accionamos pues el sufrimiento nos paraliza. En el fondo, esto no es más que egoísmo, por eso no logramos el objetivo. Deberíamos accionar en bien de los demás, por más que estemos sufriendo.
Cuando uno se esfuerza con (a) un objetivo claro, (b) con un plazo concreto de realización, y (c) realiza las acciones necesarias tanto en su vida cotidiana como en la lucha por los demás, entonces es imposible que no se concrete el objetivo.
Tal vez sea doloroso admitirlo al principio, pero si lo hacemos comenzaremos una transformación profunda: No existen milagros sino la ley de causa y efecto. No hay nadie que nos "premie" o nos "castigue" o nos "tenga lástima" y nos "salve", sino que únicamente yo puedo llevar a cabo mi propia Revolución Humana. Comprender y asumir profundamente esta responsabilidad sobre mi vida constituye ya un gran avance.