sábado, 18 de julio de 2015

El desamparado que consiguió cambiar su vida tejiendo

Como muchos tejedores, Patrick es autodidacta. También como muchos otros, se decidió a aprender porque le gustó mucho un suéter que vio en una tienda y quiso probara ver si era capaz de hacerlo por menos dinero. Lo que no se imaginaba entonces es que esa nueva afición iba a cambiarle la vida.
En 2010, Patrick dejó su trabajo en un restaurante por desavenencias con los propietarios, dando por hecho que pronto encontraría un nuevo trabajo en algún otro lugar. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que encontrar ese nuevo trabajo no era tan fácil como pensaba, lo que lo llevó a una espiral de decadencia que lo dejó sin dinero y sin casa.
"Vivía en el bosque. No tenía dinero, no tenía nada”, nos dice.
Un amigo, que sabía lo aficionado que era Patrick a tejer, le sugirió la posibilidad de poder vender su trabajo por Internet. Su familia lo ayudó acomprarse una computadora y a contratar una línea de teléfono; él tejió un oso y lo puso a la venta en Etsy. En media hora, Patrick había vendido el oso y, así, había conseguido dinero suficiente para comprar alimentos básicos.
En los meses siguientes, Patrick siguió tejiendo y vendiendo sus ositos por Internet, gastando el dinero que ganaba en comprar materiales para seguir tejiendo, siempre aprovechando descuentos y ofertas de tiendas como Jo-Ann Fabrics o Michael’s, para hacer el menor gasto posible. Tejer un oso lleva unas cuatro o cinco horas, y él dice que suele venderlos en una o dos horas desde que los pone a la venta en Etsy.
A la pregunta ¿por qué tejer animales?, Patrick responde que "la gente adora los ositos. Es algo a lo que aferrarse y en lo que confiar en momentos de miedo y de soledad. Es algo que se desplaza de mi vida a la de quien lo compra, algo que puedes agarrar para decir ‘de acuerdo, vamos a solucionarlo entre todos’”.
Realmente parece que sí que vamos a solucionarlo entre todos. Patrick es un ejemplo: en dos años ganó y ahorró dinero suficiente como para remontar y alquilar una habitación en Orlando. Con el tiempo, ha sacado adelante un blog, Mad Man Knitting, en el que cuenta su recorrido y con el que puede dar más publicidad y visibilidad a sutienda en Etsy. Sigue vendiendo sus ositos en su página web (por ejemplo, recientemente puso a la venta un lindo elefante tejido), y los tejedores novatos pueden comprar patrones en Ravelry. Entre esos patrones, se encuentra uno que se llama “the teddy bear that saved me” (“el osito que me salvó”), es decir, el del primero que vendió.
También ha escrito varias obras de ficción y dos libros de memorias sobre su experiencia. Su último libro, Will Knitfor Food (“Tejeré por dinero”), es una compilación de esos dos libros de memorias. El segundo de ellos, que narra su camino para dejar de ser un sintecho, está disponible únicamente en su página web. Patrick firma y envía personalmente cada uno de los libros que vende. Espera haber vendido unos 5.000 libros a finales de año. “Así podré estar tranquilo y afrontar mi alquiler y mis gastos durante un año más”, dice.
Su verdadero sueño, sin embargo, es llegar a tener una casa propia, donde por fin pueda sentirse totalmente a salvo. Ha tardado mucho en ser capaz de dormir sin sus botas puestas, por si acaso las necesitaba para huir. Igualmente, ha tardado en deshacerse de la bolsa con sus provisiones, que guardaba junto a la puerta. “Pero no hace falta preocuparse tanto ahora”, dice.
“No es que coma por todo lo alto, pero estoy seguro de poder comerme un filete una vez al mes. Y no tengo miedo de llegar a mi apartamento y que me digan que tengo que marcharme o que llevo demasiado tiempo allí”. Tiene un ayudante y fiel seguidor que promociona sus libros y sus proyectos, y actualiza a sus seguidores sobre lo que hace en su camino.
“No creo que vuelva a pasarme aquello nunca más”, dice Patrick confiado. “Siento como si tuviera 15.000 amigos que estarían dispuestos a ayudarme”.
Patrick espera conseguir animar a otros hombres a que se decidan a tejer, y quiere crear una publicación online sobre hombres que tejen y las mujeres que los aman. "Creo que sería genial crear un grupo para quedar a tejer con chicos”, dice. “Podríamos hacerlo en algún bar, ¡así podríamos descansar algún rato para tomar una cerveza o para lanzar unos dardos!”
¿Alguien se pregunta qué pasó con ese suéter tan deseado que fue su primer proyecto? Muchos otros tejedores contarán la misma historia: por error, lo metió en la lavadora con un montón de ropa más. “Por supuesto, encogió, y ahora es de la talla de una Barbie”. Aunque tal vez también sea de la talla de uno de los osos que Patrick