miércoles, 4 de febrero de 2015

6 personas en las que no podés confiar

Creer o no creer he ahí el interrogante… Si los seres humanos somos desconfiados por naturaleza, ¿cómo puede ser que caigamos una y otra vez en las mismas trampas?
¿Qué es aquello que nos hace confiar y abrir nuestros corazones? ¿Tendría razón Ernest Hemingway cuando escribió: “La mejor manera de saber si podes confiar en una persona, es confiando…“?
Descargo de toda responsabilidad: Esta lista es muy arbitraria y no una reflexión sobre mis sentimientos por ustedes, si por desgracia te toca ser mencionado aquí y estas leyendo esto. Te amo, y quiero que sepas que yo confío en vos de manera inequívoca …

 1. Mecánicos
No me digas que no te paso.  Semáforo, se te acerca un minón con calzas que no dejan nada a la imaginación.  (Trampa solo para hombres heterosexuales, con los gay y las mujeres el efecto es diferente, los tipos que reparten volantes NUNCA están buenos). Te sonríe y te acerca un volante.  Vos agarrás, lees:  “descuento de $10 en el próximo cambio de aceite” … Genial!. Al día siguiente pasás por el taller y con una sonrisa de oreja a oreja decís: -“Vengo a cambiar el aceite”. Hasta ahí, todo bien. 10 minutos más tarde, aparece el mecánico limpiándose las manos manchadas de grasa y comienza la pesadilla. De repente, es como si tu coche se convirtiera en el pedazo de mierda más grande del universo. -“Tenemos que cambiar el filtro, las llantas están jodidas, y el limpiaparabrisas del lado del pasajeros esta roto”. Suspirando y resignado le preguntás cuanto va a costar….Todo ese trabajo te termina saliendo un sueldo y medio, y todavía no tenés el valor total del cambio de aceite… Pero bueno, al menos, tenés el volante con los 10 pesos de descuento.

2. Los egoístas
Tengo amigos que no te acompañan a tomar un café, porque juran no tener un mango ni para comer, pero no falta un viernes por la noche que no se queden en la casa, jugando con una tremenda X-Box Kinect, tomando birra y fumando porros. La cosa debe estar bien jodida, cuando no te podés clavar una porción de pizza con tus amigos, pero si te podés gastar lo que sea para consumir por vos solo en el living de tu casa… O esos compañeros de laburo que nunca faltan: te llora las ocho horas en la oficina, que no tiene un mango para pagar el alquiler, y de pronto es como si le lloviera una herencia y se va de shopping un fin de semana a Miami . ¿Cómo?, ¿No era que necesitabas guita para pagar el alquiler? ¿Cómo podés confiar en alguien que constantemente miente sobre lo que hace con la plata?

 3. Chefs
Si hay algo que los Chefs jamás van a poner en los menúes es el “Ingrediente secreto”. Estoy hablando de la famosísima manteca. Hace mucho aprendí que el único motivo por el cual cuando salís a comer afuera, todo es mas rico, es que los platos vienen cubiertos por una gruesa, gruesa, gruesa capa de manteca. ¿Por qué a mi no me sale el salmón con ese brillo? Fácil, la respuesta es simple: Manteca. Amigo, en todos los ordenes de la vida: Cualquiera que te de de probar algo y no te diga que es… No es confiable.

4. Invitaciones sexuales vía redes sociales
Si sabés lo que es bueno, lo mejor que podes hacer es  mantenerte alejado de esos mensajes que recibís al azar, con fotos tan sexies, que ni vos que estás caliente te lo podés creer. Pero ojo, porque cada vez manejar el photoshop es más fácil y podés quedar enganchado. Yo tenía un “amigo” que un día empezó a recibir mensajes de texto chanchos desde el número de una conocida mutua. Tratamos de advertirle que la mina estaba casada y que no era posible, pero el ya había pensado todo… con la cabeza de abajo. Horas de mensajes de texto entre los dos, hasta que finalmente llegó la invitación a encontrarse cara a cara para poner en práctica todo lo que habían planeado. Y mira como es el destino, llegó al “telo” y el teléfono lo tenían unos pibes que se lo habían choreado. Salió con una lección aprendida y las bolas violetas de las patadas que le dieron para afanarlo.

 5. Vos mismo / Tu cerebro
Uno tiene que saber que el cerebro se maneja por si solo, y tenés que pensar que es una máquina perdida en el futuro y en una era, a la cual nosotros no tenemos acceso… Por ejemplo, mucho antes de que algo conocido como almacén jamás haya existido, la comida era una de las pocas cosas en que pensar. Es por eso que muy seguido, tu cerebro te dice:   ¿Por qué no abrís la heladera y te tomás un helado? Si te encanta el helado… Si nada te gusta más que el chocolate tramontana lleno de galletitas. Sólo una cucharada, no te va a hacer nada, pensá en que todos los días te subís y bajas dos pisos por escaleras a pie… Un poquito, como para despuntar el vicio… Nada más. No, no servite en una taza, ni se te ocurra darle al pote. Bueno, está bien… dale del pote que es más rico y de paso solo ensucias la cuchara… Sí… Así… Sí… Todo… Más … Más … MÁS!   Y pronto te das cuenta que tu cerebro una vez más te engañó y te clavaste un pote de un kilo de helado. Hay que ser muy rápido, y no creerle cuando nos miente. Porque le vas a terminar creyendo todo, y la cosa se va a poner gorda, cuando siempre la recompensa sea una torta.

 6. El nuevo peluquero
No es un problema que tenga, pero, si uno que tuve… El día que me enteré que mi peluquero, Marcelo, se había ido a vivir a España, sentí como que perdí a mi perro, o como que me habían cortado uno de los dedos gordos del pie. Así que, de golpe y porrazo, tuve que salir de mi pelota de playa  tamaño burbuja de comodidad, a encontrar uno nuevo. Yo creía, que uno se daba cuenta de que alguien cortaba el pelo bien, si tenía un buen corte, pero muy pronto me di cuenta de que eso no tiene ningún sentido. Encontré un lugar divino y super moderno, me atendió una pendeja preciosa de 20 y pico. Tenía el pelo ondulado y de color rojo atado con un moño a lo que pensé: ¡Qué elegante!
Todo iba muy bien mientras ella me rociaba el pelo para que sea más maleable, incluso cuando empezó a hablar sobre cómo las mujeres no deben comer nada frito. Pero no me relajaba y hasta tenía ganas de llorar. Extrañaba a Marcelo y yo no podía confiar esta cabeza con cuatro pelos locos a una nena llena de rulos color rojo. ¿Cómo se remplaza a alguien que llenó ese punto tan pequeño de tu vida casi como el terapeuta más íntimo? Terminó haciendo un buen trabajo, no voy a mentirles. Y puedo agregar que ocultaba bastante las marcas de mi incipiente calvicie, pero, Sofia (porque ese es su nombre)  por lo menos, tuvo que pasar un año, antes de que lleguemos a un buen nivel de relación.