lunes, 7 de mayo de 2018

Los milagros ocurren de repente, debes estar preparado y abierto

¿Desde cuándo los milagros se presentan con previo aviso? ¡Entonces ya no son milagros! ¿Pero qué es un milagro? ¿No es precisamente aquello que es inesperado, que viene por arte de magia?
Pues sí, los milagros en realidad no son más que oportunidades repentinas que encontramos en nuestro camino y que no han sido planificadas con antelación. Y lo cierto es que los milagros no son algo tan extraño e infrecuente, de hecho, continuamente nos están ocurriendo milagros, pero estamos tan centrados en el pasado y en el futuro, que el presente nos pasa desapercibido y ni siquiera los vemos.
Para que no nos pasen de largo, hemos de vivir conectados en el momento presente, con la cabeza puesta en el momento actual, y siendo receptivos a todo aquello que el mundo nos está presentando. En inglés, present significa tanto “presente” como “regalo”.

“Para mí, cada hora del día y la noche, es un indescriptible y perfecto milagro” -Walt Whitman-

El verdadero valor de la fe
Cada quien debe ser creyente o ateo, de acuerdo a lo que le dicte su conciencia. Sin embargo, la verdadera fe no necesita de prodigios para ser firme. Y mucho menos requiere del miedo para mantenerse. Lo mismo vale para los ateos, que pueden serlo por temor a creer.
Quizás todos debemos entender que hay milagros cotidianos, mucho más fuertes y valiosos que los hechos extraordinarios. Vivir, respirar, amar, reír, sufrir y ser capaces de salir adelante a pesar de todo son los grandes milagros que todos deberíamos celebrar cada día.
Tu mirada puede ser un milagro
Miramos, admiramos, observamos, pero “no sabemos ver”. Es un requisito imprescindible, estar dotados de sensibilidad para ser capaces de conmovernos con tantos “milagros” que a diario nos rodean.
Nuestra visión no debiera depender exclusivamente de los ojos. Debiéramos de trabajar y cultivar la manera de apreciar cada momento que respiramos y que pudiendo percibirlo como algo maravilloso, sin embargo pasa desapercibido en multitud de ocasiones.
Nuestra mirada debería de ser estética, siendo capaces de profundizar en la fortuna que tenemos de formar parte de una imagen cercana (un abuelo al sol en su banco, una sonrisa de niño, las hojas en movimiento de los árboles, el azul del cielo, un verde mar, la lluvia que moja, el sol que brilla) admirar en fin, un mundo que no reduzca nuestra óptica de belleza a algo “estático y vulnerable”.
Cada respiración, cada paso que damos, está rodeado de grandeza. La magnitud de su belleza nos invade, pero tenemos la obligación de valorar con el corazón nuestro mundo más cercano y domesticar nuestras pupilas. Disponer de un tiempo para encontrarnos con cualquier ser que nos conmueva con su sensibilidad también es otro tipo de milagro.
En definitiva: los milagros se descubren a diario si podemos ver todos los matices de la luz. Nuestra realidad está llena de prodigios, pero sólo aquellos que tienen una percepción agudizada y sensible, serán capaces de distinguir y disfrutar de la diferencia entro lo natural y lo extraordinario.