jueves, 11 de diciembre de 2014

El dragón

El dragón se disfrazó de hombre del norte. Barba blanca, ropas abrigadas y un sombrero que caía sobre su hombro rematado con un cascabel.
Los niños se acercaban y él les preguntaba qué deseaban en su vida. Disfrutaba mucho de la desfachatez con que los chicos se permitían fantasear. Para ellos nada era imposible, nada resultaba inalcanzable.
—¿Y tú? —le dijo de pronto a una mujer joven—. ¿Qué deseas en tu vida?
—Solo estaba mirando.
—No importa, las mujeres solteras también pueden desear —dijo y lanzó una carcajada redonda, profunda, sincera.
—Quisiera que mi familia estuviera bien.
—¿Qué más?
—Mantener mi trabajo, que mis amigas sean felices.
—¿Qué más?
—Nada más.
—¿Y vos?
—Yo no quiero nada para mí —dijo la joven, bajando la cabeza.
El dragón asintió mientras la gente aplaudía.
—Había dos hombres —comenzó el dragón, y los chicos supieron que contaría una historia—. A los dos su padre les dio un puñado de semillas en su lecho de enfermo. “Sean buenos. El egoísta se queda solo” dijo el padre antes de morir.
—Buen consejo —dijo alguien.
—Al pueblo llegó el hambre y el hermano mayor, celoso de las palabras de su padre, repartió las semillas entre la gente cercana. Las semillas aliviaron el hambre durante unos días. El hermano menor, no quiso repartirlas pese a que su hermano se lo suplicó. “Eres egoísta” dijo una y otra vez “así no te educó nuestro padre”.
En la audiencia muchos asintieron, enojados.
—Cierta mañana apareció el joven con una canasta de frutas y las repartió entre sus amigos. Estaban todos sorprendidos, incluso su hermano. Al otro día trajo pan, luego calabazas, tomates y todos pudieron comer. “No se olviden de sacar las semillas del interior” dijo el hombre “así tendrán para plantar sus propia comida”. Luego le dio a su hermano un puñado de semillas, igual al que le había dado su padre. Y le explicó como sembrarlas.
La gente hizo silencio.
—No entiendo —se animó a decir una niña.
—Si no te respetas, no podrás respetar a otros. Si no te cuidas, no cuidarás bien a los demás. Tus semillas deben primero crecer dentro tuyo para dar frutos y otras semillas. Así podrás repartir y nunca te quedarás sin nada. Pero más importante aun: podrás ayudar a la gente a encontrar sus propias semillas, enseñarles cómo sembrarlas y mostrarles cómo repartirlas entre los que necesiten." Pensamiento del Dragón Navideño ©Leo Batic, 2013